SANFIC 22| El lugar de la ausencia: el revelador documental de Marialuisa Ernst que se abre camino hacia los Oscar

05.11.2026

por Nathalia Olivares
 

Hay ausencias que no concluyen jamás, silencios que se transmiten entre generaciones como una masa invisible y heridas colectivas que desafían la noción misma del tiempo. El lugar de la ausencia, ópera prima de la cineasta chilena radicada en Nueva York Marialuisa Ernst, se alza dentro de la programación de SANFIC 22 como uno de los ejercicios documentales más deslumbrantes y devastadores de la temporada. Tras un desarrollo que demandó más de una década de minucioso rodaje, la obra llega a las pantallas del certamen santiaguino respaldada por una destacada ruta internacional que la posiciona como una firme contendiente hacia la shortlist de los Premios Oscar 2027 en la categoría de Mejor Largometraje Documental.

El génesis del proyecto se gestó desde una pulsión estrictamente íntima y familiar: el deseo de la realizadora de iluminar las zonas de sombra dejadas por la desaparición de su tío durante la dictadura militar argentina, confrontando al mismo tiempo la reticencia y el velo de silencio guardado por su madre. Sin embargo, el dispositivo cinematográfico se transforma de manera orgánica cuando Ernst entra en contacto con la Caravana de Madres Centroamericanas. Esta organización recorre México, Honduras, El Salvador, Guatemala y Nicaragua buscando el rastro de entre 70.000 y 120.000 migrantes que han desaparecido en el tránsito hacia Estados Unidos durante los últimos diez años, desplazando el relato desde el ensayo autobiográfico hacia una tragedia de alcance continental.

A diferencia del horror perpetrado directamente por los aparatos represivos de las dictaduras del Cono Sur en las décadas de los 70 y 80, el documental expone una violencia contemporánea donde la responsabilidad de los Estados se manifiesta mediante la omisión, la impunidad y la connivencia con el crimen organizado. Ernst registra con lucidez cómo las políticas fronterizas de Estados Unidos empujan deliberadamente a las personas hacia las zonas más inclemientes del desierto —convertido en un cementerio a cielo abierto—, mientras los servicios forenses de las regiones limítrofes colapsan ante lo que la obra define como "desapariciones administrativas".

Frente a esta crisis sistemática, la cámara de Ernst esquiva con elegancia cualquier tentación de sensacionalismo o porno-miseria. Su propuesta se concentra en acompañar con extremo pudor la persistencia de estas mujeres que escarban la tierra y recorren instituciones en busca de respuestas. El documental demuestra que, al situar el propio cuerpo de la cineasta en el montaje y en la marcha de la caravana, la película construye un dispositivo de observación participante donde la imagen se vuelve un instrumento activo de memoria y denuncia humana.

En su entramado teórico, la película se articula con solidez sobre el concepto de pérdida ambigua (ambiguous loss) conceptualizado por la terapeuta Pauline Boss: aquel duelo congelado y perpetuo que impide el cierre emocional ante la ausencia innegable de un cuerpo para velar. Este marco analítico establece un diálogo fluido con las investigaciones periodísticas del salvadoreño Óscar Martínez (Los migrantes que no importan) y el trabajo antropológico de Laura Panizo, dotando al largometraje de una densidad intelectual que refuerza su impacto puramente cinematográfico.

Pese a la complejidad de las temáticas abordadas, el lenguaje del filme huye rigurosamente del panfleto ideológico o la retórica divisoria. La voz en off de la realizadora, las secuencias donde transmite esta memoria histórica a su propia hija y los encuentros espontáneos en la ruta migratoria tejen una narrativa guiada por la empatía. Ernst comprende que el sufrimiento de una madre que busca a su hijo no conoce de fronteras, banderas ni colores políticos, transformando el dolor individual en una resonancia afectiva universal.

El valor pedagógico y político de El lugar de la ausencia reside en su capacidad para actuar como un puente ético entre distintas épocas de la historia reciente. Presentar esta obra dentro del marco de SANFIC 22 cobra una relevancia capital para el público chileno, un espectador bien versado en los traumas no resueltos de la violencia estatal y la búsqueda inalcanzable de verdad. El documental logra conectar de forma magistral las cicatrices del Cono Sur con la emergencia migratoria contemporánea del hemisferio norte.

En definitiva, El lugar de la ausencia se consolida como una experiencia cinematográfica imprescindible, caracterizada por un rigor formal impecable y una sensibilidad desarmante. Marialuisa Ernst firma una obra que no solo reivindica el poder del cine de lo real para preservar la memoria colectiva, sino que también ofrece un rayo de dignidad y resistencia en medio del desierto. Una película fundamental de SANFIC 22 que deja una huella profunda y que merece llegar a lo más alto en la contienda de los premios de la Academia.


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